19 DE MARZO DIA MUNDIAL del SUEÑO

Este año el lema es

“SUEÑO SALUDABLE FUTURO SALUDABLE”…

Pretende destacar que el buen sueño es sinónimo de buena salud.

El año de la pandemia por Covid-19 incrementó los trastornos del sueño de manera significativa (50% de la población) a partir de los cambios en nuestra rutina, el confinamiento obligatorio en nuestros hogares y la incertidumbre de no saber la dimensión de semejante situación.

Hubo un grupo de personas que al no concurrir de manera presencial a sus trabajos comenzaron a desordenar las horas destinadas al mismo (trabajaban por la noche o en horarios discontinuados) y las horas destinadas al sueño podían ser de día alterando lo que llamamos el ritmo circadiano del sueño. Esto generó que después de un tiempo con este nuevo ritmo para trabajar y dormir aumentara la posibilidad de no poder volver a dormir en los horarios habituales. Las personas se quejan de insomnio y de cambios en su estado de ánimo (están irritable, con ansiedad e incluso estados de angustia).

Los adultos mayores a lo NO poder realizar los que en otras épocas le generaba placer o bienestar (vida social, deportes , etc) también aumentaron los trastornos del sueño relacionado al insomnio y se vieron afectados en la esfera cognitiva o memoria, con el agravante de tornarse más dependientes de terceras personas que los ayude en sus vidas cotidianas.

A modo de destacar la importancia que tiene el sueño doy lugar a contestar preguntas que nos hacemos al respecto.

¿Por qué dormimos? ¿Qué sucede durante ese proceso?

Podemos dar dos respuestas según el enfoque. Una, desde un punto de vista neurofisiológico, que explica porqué en determinado momento de nuestro ritmo diario sentimos el deseo y la necesidad de dormir. El sueño depende de la interacción de múltiples factores, el principal es la acción que ejercen estructuras específicas de nuestro cerebro que según sean activadas o inhibidas por sustancias químicas llamadas neuromoduladores producirán sueño o vigilia (estar despierto). Esto significa que las áreas cerebrales para que un individuo se mantenga dormido o despierto son las mismas, la diferencia la establecen cuáles y en qué momento del día o de la noche actuarán los neuromuduladores.

Además, el sueño mantiene su “sincronización” dentro del ritmo de las 24 horas por un proceso circadiano (del latín circa = alrededor y dian = día) que depende del estímulo que ejerce la alternancia entre la luz y la oscuridad. Y segundo por un proceso homeostático que se autoregula desde otra estructura cerebral (núcleo supraquiasmático) evitando que el sueño pierda su ritmo cuando nos acostamos tarde o por algunas noches nos privamos de dormir.

Esquema de la sincronización del sueño en torno a la luz (día) y la oscuridad (noche)

Otra forma de responder a esta pregunta es a través de las distintas teorías que tratan de descifrar las “funciones del dormir”:

– Función Restauradora: debido que durante el sueño se produce un aumento en la secreción de hormonas anabólicas (productoras de energía), de crecimiento (fundamental en los niños en su etapa de desarrollo) y la síntesis de proteínas.

– Función de Conservación de la Energía: ya que existe una reducción del metabolismo celular ahorrando energía durante la noche y así cubrir, adecuadamente, las demandas que exige la movilidad o la actividad física del día.

– Función sobre la Memoria: porque se ha demostrado que la información o datos aprendidos durante el día se logran consolidar y organización durante el sueño.

¿Cuántas horas necesitamos dormir para un buen descanso? ¿O cómo podemos saber cuántas horas necesita cada persona?

Existe una variación de las horas de sueño según la edad de las personas, en un extremo tenemos los recién nacidos que duermen hasta 16 horas por día y por el otro, los adultos de la tercera edad que lo hacen con un promedio de 6 horas diarias. Esta diferencia según la edad surge porque el sueño tiene una estructura que se organiza dentro del primer año de vida y adquiere a partir de allí la alternancia entre 2 ciclos de sueño, por un lado el sueño No-REM que comprende el sueño superficial y profundo y por el otro, el sueño REM (sigla en inglés que significa movimientos oculares rápidos) que es la etapa donde soñamos.

A medida que crecemos el sueño se va reduciendo gradualmente en horas a expensas del sueño profundo, mientras que las otras etapas se mantiene estable a lo largo de la vida. Se podría decir que el sueño también envejece…

Si tomamos como ejemplo un adulto joven, la media en horas de sueño es entre 6-8 horas diarias contando incluso si hace una siesta. Fuera de este promedio existen personas que pueden tener un requerimiento mayor o menor al mismo y ser normal también. Para determinar esto se analiza que las horas que duerme son suficientes para desarrollar las actividades de la vida diaria de manera normal, esto significa no sentir cansancio o sueño, tener buen rendimiento laboral y una vida social y familiar adecuada.

¿Es cada vez más común que las personas sientan que no descansan bien, que no tienen un buen sueño? ¿Cuánto tiene que ver la ansiedad y el ritmo de vida cada vez más acelerado?

Aquí cobra importancia determinar no sólo las horas destinadas a dormir sino cual es la calidad del sueño. Es obvio que un ritmo de trabajo a destajo, donde no hay diferenciación entre las horas laborables y el descanso, va a alterar el sueño tanto en cantidad como en calidad. Resulta difícil dormir sin tener un horario regular y mucho peor intentar dormir de día porque como ya hiciera referencia anteriormente el sueño funciona bien si se mantiene un orden dentro del ritmo de las 24 horas. Este tipo de problema los observamos con frecuencia en ciertas profesiones como médicos de guardia, trabajadores con turnos nocturnos o turnos de trabajo rotativos, entre otros.

Por otro lado, la vida moderna ha modificado nuestras conductas, pues deseando vivir mejor, cubrir las necesidades familiares muchas veces con un “estándar” de vida altos y la falta de estabilidad en las variables económicas o como en este año la preocupación por enfermarnos a partir de la Pandemia del covid-19 nos predisponen a vivir casi permanentemente con ansiedad y preocupación que terminan repercutiendo también en la calidad del sueño. Se ha comprobado que cuando existe una alteración en los estados de ánimo (peor aún con depresión) hay un mayor fraccionamiento del sueño o dificultades para conciliar el mismo.

¿Cuáles pueden ser otras causas de mal dormir?

Existen patologías del sueño como el “síndrome de piernas inquietas” que es una sensación muy desagradable, una especie de hormigueo, ardor, dolor o calambres que el paciente percibe en sus piernas o brazos justo cuando se va a la cama. Esto lo obliga a moverse, friccionar sus miembros o directamente levantarse a caminar porque con el movimiento consigue alivio. Este tipo de síntomas que aparecen sólo con el reposo y predominantemente de noche provoca dificultades para conciliar el sueño.

Además del insomnio, ¿qué otros problemas asociados al sueño podemos encontrar de manera frecuente?

Las patologías que tienen como síntoma predominante la somnolencia diurna excesiva, esto significa que el paciente presenta sueño durante el día que le genera la posibilidad de quedarse dormido en momentos inoportunos como por ejemplo en una reunión, mientras trabaja o peor aún mientras esta conduciendo un vehículo por el enorme riesgo de provocar un accidente.

Entre ellas se destaca el “síndrome de apneas obstructivas durante el sueño”, son pausas respiratorias durante el dormir por obstrucción en la vía aérea lo que genera por un lado un fraccionamiento del sueño debido a que el propio organismo, a modo de defensa ante la pausa, genera múltiples despertares lo que explica que estas personas se duerman durante el día. Por otro lado es responsable de una caída en la saturación de oxígeno por alterar el intercambio de aire entre pulmones y vasos lo que predispone a que el paciente sufra de hipertensión arterial o tenga mayor riesgo a enfermedades cardíacas y cerebrovasculares. El diagnóstico es simple con sólo preguntar al compañero de cama si estos pacientes con somnolencia diurna roncan, es suficiente para la sospecha. Luego se procede con el objeto de determinar el grado de apneas a realizar un estudio durante el sueño denominado polisomnografía.

Otra patología que desearía destacar no por su frecuencia pero sí sobre el impacto que provoca en la calidad de vida es la “Narcolepsia”, se trata de una enfermedad del sueño que involucra una alteración en los mecanismos reguladores del sueño provocando que el sueño aparezca en cualquier momento, de allí que los pacientes además de sentirse somnolientos de repente tienen ataques de sueño (se quedan dormidos no importa la circunstancia). Se puede acompañar, además, de otros síntomas si se quieren extraños como las alucinaciones hipnagógicas (ver figuras humanas o animales en el momento de ir a dormir), parálisis del sueño (despertarse y no poder moverse por algunos segundos) y en un tercio de ellos, la cataplejía que es la pérdida del tono muscular de una parte del cuerpo (mandíbula o las piernas) sólo ante situaciones emocionales, de allí que ante la risa pueden experimentar una caída al perder el tono muscular de los miembros inferiores. Por el tipo de presentación esto ha llevado que hasta los médicos demoren el diagnóstico ya que muchos de sus síntomas se mal interpretan como psiquiátrico o como un evento epiléptico.

En la actualidad, los pacientes con patologías del sueño, disponen de especialistas en el tema con la posibilidad de un adecuado diagnóstico y tratamiento.

– Por el Dr. Daniel Alvarez, Neurólogo MP 20606/4 CE 8953. Jefe de la CLINICA del Sueño del Instituto Modelo de Neurología-Fundación Lennox

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